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EL PODER DEL LENGUAJE EN LA INTERACCIÓN CON LOS DEMÁS

Que lo que nos decimos a nosotros mismos condiciona la manera de interpretar nuestro mundo es bien sabido, cada vez más la ciencia se detiene para investigar acerca del efecto que tiene el lenguaje en nuestro cerebro, siendo cada vez mayores los avances en esta línea. En un estudio publicado en 2009 en la revista PLOS ONE, los participantes recibían expresiones de ánimo o desánimo mientras realizaban tareas simples de clasificación de estímulos visuales (por forma, color y localización), se observó que las expresiones de ánimo habían sido capaces de afectar a esta tarea tan aparentemente mecánica desde el punto de vista cognitivo.

Las expresiones de ánimo, hicieron que los participantes detectaran la forma de un objeto en un tiempo sensiblemente inferior al normal, el lenguaje, por tanto, era capaz de modificar las capacidades perceptivas. Experimentos posteriores, han mostrado que los contenidos emocionales de las palabras son capaces de provocar sensaciones emocionales inmediatas y breves, de ahí la importancia de lo que nos decimos a nosotros mismos y a los demás.

Recientemente, en una empresa reflexionábamos acerca del impacto que en el departamento tendría que cada una de las cincuenta y dos personas que la conforman, incorporara una nueva palabra con carga positiva en su interacción con el resto.Tal y como nos indica Luis Castellanos en su libro La Ciencia del Lenguaje Positivo, las palabras con carga positiva, generan una alta activación en nuestro cerebro, y por tanto influyen en nuestro estado emocional y físico, mejorando nuestra calidad de vida y la calidad de la relación interpersonal.

La razón nos la da la neurociencia, y es que durante el procesamiento de emociones positivas, la actividad de la amígdala disminuye, lo que contribuye a bajar el tono simpático del sistema nervioso autónomo y por tanto baja la tensión muscular, baja la tasa cardíaca y la respiración, y disminuye la concentración de la hormona del estrés.

Por el contrario, podemos deducir que las palabras con carga negativa nos limitan para poder encontrar soluciones a problemas, y en el ámbito laboral dificultan la comunicación y el diálogo. Frases como "qué le vamos a hacer..." "no es por nada pero..." "se veía venir.." nos cierra posibilidades, influye en nuestros reflejos, y produce el efecto de la pasividad y la falta de energía, impactando por tanto en el comportamiento y actuación.

En conclusión, si el lenguaje refleja nuestra experiencia, nuestra interpretación de aquello que sucede en nuestra vida, en nuestro entorno laboral, podemos decir que el lenguaje es un reflejo de lo que somos, como personas, como grupo, como departamento o como empresa. Así que, detengámonos por un momento y observemos en nuestras conversaciones con los demás, en reuniones con el equipo, los mails que enviamos y reflexionemos sobre si estamos facilitando que nuestro cerebro tenga una alta activación y por tanto una predisposición hacia la acción, el emprendimiento de nuevos proyectos a construir y trabajar en equipos en las que se aporten las soluciones más eficientes para cumplir nuestros objetivos.

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